Fernando Martínez Montañés dedica su vida a entender cómo funcionan nuestros genes y cómo regulan procesos tan esenciales como el metabolismo de los lípidos. Investigador y profesor en la Universidad Europea de Valencia, ha trabajado en centros de excelencia en España y Europa, y combina la pasión por descubrir con la vocación de enseñar y acercar la ciencia a la sociedad.

  • Entre las alargadas sombras del crepúsculo, cuando los murciélagos despiertan y la humanidad duerme, algo más antiguo que el miedo se pone en movimiento. Los virus —invisibles, persistentes, eternos— viajan en el interior de las criaturas de la noche, suspendidos entre la vida y la muerte. No laten ni respiran, pero sueñan con apoderarse de ti.


    Cuando la vida se oculta en la sombra, la muerte aparece en la luz

    Mucho antes de que la ciencia conociera su existencia, los humanos ya temían su comportamiento. Seres malignos que desaparecían durante años y que, ocultos en el aire, consumían las almas.

    No hablo de los upir de la tradición eslava, los no muertos que se levantan de la tumba en un susurro nocturno para beber la sangre o energía vital de los vivos. Estos vampiros surgidos de las penumbras no son más que murciélagos (o murciégalos, como dice mi hija de 5 años), los únicos mamíferos voladores conocidos. O tal vez ni siquiera son ellos, si no los pequeños fantasmas de la biología que esconden en su pequeño cuerpo: un universo de virus, seres ni vivos ni muertos que han aprendido a convivir con ellos durante milenios y que vuelven a despertar de su letargo cuando las condiciones les son propicias.

    Estos increíbles seres microscópicos, los virus, sí merecen el calificativo de malignos: cuando no nos destruyen, algunos domestican nuestro sistema inmunitario o se esconden de él para permanecer latentes durante años hasta que vuelven a dar «señales de vida». Y cuando lo hacen, ahora sí, es para arrebatárnosla.

    A veces, sin embargo, patógeno y huésped aprenden el uno del otro hasta que alcanzan un pacto evolutivo de convivencia. Los murciélagos, por ejemplo, sobreviven a infecciones que matarían a cualquier otro mamífero, de modo que los virus que los infectan encuentran refugio sin necesidad de destruir a su huésped, llamado en la jerga científica «reservorio». Es una alianza ancestral, casi poética: una elegante forma de alcanzar la inmortalidad.

    Así, los vampiros literarios buscan la vida eterna en la sangre; los virus, en cambio, la hallan en los genomas que dejan atrás. Ambos se perpetúan a través de sus víctimas.

    Imagen simulada de un murciélago Desmodus rotundus, con colmillos exagerados mediante algoritmos de inteligencia artificial. Este hematófago, presente en hispanoamérica, está especializado en lamer sangre, principalmente de vacas, caballos y cerdos. Su saliva contiene anticoagulantes como la draculina, que impiden la coagulación de la sangre mientras se alimenta. Este pequeño quiróptero tiene gran importancia epidemiológica, pues es transmisor del terrible virus de la rabia.

    Así que si ves de día un murciélago en el suelo, desorientado, ni se te ocurra cogerlo: podría morderte y transmitirte algún patógeno infeccioso, como el virus de la rabia.


    ¿Es la rabia la enfermedad de los temibles vampiros?

    El virus de la rabia es una entidad biológica casi perfecta en su crueldad. Penetra el cuerpo por una mordedura y avanza por los nervios hacia el cerebro. Una mordedura en la cara o cuello puede causar síntomas en días o pocas semanas, mientras que en una pierna puede tardar meses (lo que tarda en llegar al cerebro). Una vez instalado en el cerebro, el infectado más vale que se encomiende a Dios, pues la tasa de mortalidad es prácticamente del 100%.

    Una vez el virus alcanza el cerebro, los síntomas son esclarecedores: el virus se replica en neuronas del sistema límbico, causando agresividad, hidrofobia, alucinaciones, insomnio y aversión por la luz. Además, daña los nervios que coordinan la deglución y a la vez activa las glándulas salivales, por lo que se acumula un exceso de saliva que además no se puede tragar. Modificar el comportamiento del huésped para que produzca se vuelva agresivo y acumule gran cantidad de baba en la boca asegura la propagación del virus al morder el contagiado a otros animales o personas.

    Ante este panorama, es lógico pensar que ante los ojos de nuestros antepasados, quienes padecían la rabia eran víctimas de una horrible maldición. No podían descansar ni morir en paz, como el archiconocido conde Drácula, que no nació de la nada en la imaginación de Bram Stoker, sino tal vez en la observación de los horrorosos efectos de la rabia, un virus que sigue causando decenas de miles de muertes cada año.


    Puede que caiga el mito, pero el miedo continúa

    Aunque la ciencia moderna haya desenmascarado a vampiros, brujas y miasmas, el miedo a enfermar por seres malignos que nos acechan persiste. Este pavor no es infundado, pues no hace falta que te muerda un perro rabioso o un vampiro para padecer el terrible efecto de los virus.

    Los virus no sienten el paso del tiempo ni temen la muerte. Simplemente esperan. Pueden permanecer invisibles en un animal doméstico o una superficie que tocas para cobrar vida e iniciar su ciclo de replicación y así perpetuarse eternamente, mientras existan cuerpos dispuestos a recibirlos.

    Coronavirus, Ébola, Marburgo, Hendra o Nipah. Cada brote viral es un recordatorio de que los vampiros siguen aquí, acechando tras los muros de nuestras ciudades. El virus Nipah, por ejemplo, se transmite cuando los murciélagos frugívoros muerden una fruta o contaminan con su saliva la savia de palma que los humanos recogen al amanecer.

    El virus Nipah, transmitido por zorros voladores (género Pteropus) causa brotes recurrentes en el sudeste asiático y puede causar una tasa de mortalidad de hasta el 75%.

    Los verdaderos seres inmortales

    Los virus no son destructores de la vida, sino más bien su sombra inseparable. Algunos virus incluso se integran en nuestro propio ADN. Hasta un 8% del genoma humano procede de virus antiguos que infectaron a nuestros antepasados y se fusionaron con su herencia genética. Somos, en parte, descendientes de virus.

    Por ello tal vez debiéramos verlos de otro modo, como la memoria eterna del planeta: fragmentos de ácidos nucleicos de lo que alguna vez fue vivo, esperando volver a serlo.

    Cada descubrimiento en virología nos obliga a preguntarnos qué significa realmente estar vivo. Los virus nos devuelven una imagen inquietante: la de la vida que no muere, la del miedo que perdura, la del contagio eterno.

    No necesitan ataúdes ni castillos. Sólo un huésped. Y mientras haya uno… los vampiros invisibles seguirán respirando a través de nosotros.

    ¡Feliz Halloween!

    ¿Quieres saber más sobre vampiros, mosquitos y otros chupasangres?. Échale un vistazo al magnífico artículo de Alex Ritcher: https://www.mosquitoalert.com/vampiros-mosquitos-y-otros-chupasangres/

  • Este post no va de artes marciales. O quizá un poco sí, porque, aunque no voy a detenerme (eso quedará para otro día) ni en la depurada técnica de la mantis ni en el Tang Lang Quan —ese curioso estilo de kung-fu inspirado en los movimientos de este insecto—, lo que quiero contarte guarda cierta relación con las artes marciales. Las mismas que Bruce Lee convirtió en religión en la legendaria película de Hollywood Operación Dragón (Enter the Dragon en Estados Unidos). En una de sus escenas, dos mantis religiosas combaten ante la atónita mirada de John Saxon, que acaba equivocándose al apostar por la derrotada.

    Pero, ¿por qué asociar la Mantis religiosa con las artes marciales?.

    Tal vez su calma mantenida antes de apresar a su víctima, la guardia que adopta antes de atacar, su rapidez y precisión y el modo en que controla al adversario -más con técnica que con fuerza-, es lo que convierte a este insecto en un auténtico guerrero marcial.

    Si alguna vez te has cruzado con una mantis religiosa, seguro que lo primero que te ha impresionado son sus garras en posición de rezo -de ahí su nombre- y sus ojos inmensos, fijos en ti como si supieran exactamente lo que piensas. Pero detrás de esa mirada intimidante se esconde un insecto fascinante, diseñado para la caza.

    Mantis religiosa, con la cabeza girada (poco común en insectos) y con las «pupilas» negras. En realidad son un efecto óptico llamado pseudopupila: es el punto donde múltiples omatidios miran directamente hacia ti y absorben más luz. Fotografía captada el pasado mes de agosto cerca del lago de Playamonte (Valencia). Aprende cómo fue tomada la foto y descubre más fotos como ésta en mi Instagram, @homo_noscens.

    Anatomía de un depredador excepcional

    A cada lado de la cabeza, la mantis porta dos enormes ojos compuestos, formados cada uno por miles de omatidios, pequeñas unidades que captan la luz desde diferentes ángulos. El resultado es una visión en mosaico, capaz de detectar movimientos mínimos en el entorno. Esa sensibilidad convierte a la mantis en un depredador implacable: basta con que una mosca bata sus alas cerca para que quede registrada en su campo visual.

    Pero la mantis no se conforma con eso. Además de sus ojos compuestos, dispone de tres ojos simples —llamados ocelos— situados en la parte superior de la cabeza (observa más abajo la foto). Estos pequeños sensores no forman imágenes, pero cumplen una misión crucial: detectar cambios en la luz y ayudar a estabilizar el movimiento y el vuelo. En otras palabras, los ocelos funcionan como un sistema de alarma y de orientación que refuerza su eficacia como cazadora.

    Las garras delanteras de la mantis —conocidas como patas raptoriales— están equipadas con espinas afiladas que funcionan como púas. Cuando la presa se acerca lo suficiente, la mantis despliega un ataque relámpago: en una fracción de segundo, sus patas se cierran como una trampa y el insecto queda inmovilizado, sin posibilidad de escape. En la foto se aprecian, entre las antenas, los tres ocelos de la mantis.

    Combinando ambos sistemas visuales, la mantis puede calcular con precisión milimétrica la distancia a su presa, permaneciendo inmóvil hasta el momento justo de atacar con sus temibles patas delanteras en forma de garra.

    Golpe letal a la sombra del dragón

    Estaba yo hace un mes fotografiando pequeños dragones (salamanquesa común), cuando una preciosa mantis de color verde se posó sobre una farola cercana. Entusiasmado, giré mi objetivo hacia ella, me acerqué para retratarla en la noche pero el bicho, al invadir yo su espacio vital, saltó como un resorte. Mi sobrino, que se encontraba a mi lado jugando con una raqueta, se asustó de tal manera al ver el insecto sobre su cabeza que en acto reflejo lo golpeó como si estuviera en una final de Wimbledon. La mantis tuvo tan mala suerte que quedó cercenada a la altura del tórax. Un drama.

    Aún habiendo sido seccionada accidentalmente a la altura del tórax, la mantis siguió desplazándose, agitando sus patas y moviendo sus garras delanteras, como buena criatura de la noche.

    La mantis sigue «viva» tras haber sido seccionada por la mitad

    Separada de su cuerpo, la mantis se mantuvo casi dos días moviéndose como un zombie tras la sombra de Michael Jackson (cuando aún era negro). La razón estriba en que la mantis, como otros insectos grandes, tiene un sistema nervioso ganglionar: el cerebro, también llamado ganglio supraesofágico, el ganglio subesofágico (que controla boca y piezas bucales) y una cadena ventral de ganglios torácicos y abdominales. Los ganglios torácicos —especialmente el primero, segundo y tercero— contienen circuitos locales que controlan patas, alas y patrones rítmicos de locomoción. La cabeza concentra sensores cruciales, como ojos compuestos y antenas.

    El sistema ganglionar permite una gran autonomía de las diferentes partes del cuerpo. Una pata puede reaccionar a un estímulo (como un golpe o roce) de forma casi independiente del cerebro, lo que la hace muy ágil. Sin embargo, tras haber sido separada de su cuerpo, la mantis no está bien y tarde o temprano fallece por inanición u otras causas; los movimientos son actos reflejos locales, no una conducta voluntaria.

    ¿Te parece curioso?. Pues aún hay más: durante el apareamiento, puede ocurrir que los machos sean decapitados por las hembras pero continúen con la cópula e inseminación, debido al control de los genitales por ganglios abdominales.

    Si te interesa saber más al respecto de este curioso caso de canibalismo sexual, échale un vistazo a estas estupendas entradas de National Geographic y RTVE:

    http://nationalgeographic.com.es/mundo-animal/a-dios-rogando_24366#twitter#twitter

    https://amp.rtve.es/television/20221030/7-secretos-curiosidades-mantis-religiosas-cuaderno-campo/2407361.shtml

    Un abrazo, ¡kungfu pandas!.

  • El influencer de la química

    Si piensas en un influyente científico del siglo pasado que revolucionó la química, desafió al gobierno estadounidense en plena guerra fría o convirtió la vitamina C en su arma para combatir enfermedades -y todo ello sin perder su característica sonrisa-, ese fue Linus Carl Pauling (1901-1994).

    El hombre de los dos Nobeles

    Pauling ganó el Nobel de Química en 1954 por su trabajo sobre los enlaces químicos, fuerzas que mantienen unidos los átomos para formar moléculas. Su libro The Nature of the Chemical Bond sigue siendo lectura obligatoria para cualquier químico serio… aunque confieso que leerlo puede dejarte con la sensación de que tu cerebro ha hecho un maratón. Pero Linus no se conformó con un nobel: en 1962 ganó el Nobel de la Paz por su lucha contra las armas nucleares. Dos Nobeles: uno por entender la química que rige nuestro mundo y otro por intentar salvarlo. No está nada mal, ¿verdad?.

    https://lpi.oregonstate.edu/about/linus-pauling-biography

    La triple hélice equivocada

    Antes de que Watson y Crick se propulsaran hacia el estrellato con el descubrimiento de que el ADN forma una doble hélice de cadenas antiparalelas, Pauling estaba trabajando en su propio modelo… y propuso una triple hélice, que resultó ser incorrecta (pero inspiró a Watson y Crick).

    Conoce más sobre la triple hélice en https://naukas.com/2010/07/23/la-triple-helice-de-linus-pauling/

    Lo interesante (o trágico, según se mire) es que estaba casi a un paso de acertar, pero el gobierno americano no le permitió salir de EEUU para asistir a la reunión de la Royal Society de Londres y esta negativa hizo que no tuviera acceso a la famosa foto 51 de Rosalind Franklin, la cual guio (sin saberlo) a sus competidores hacia la elucidación definitiva de la estructura del ADN. A veces la ciencia es un poco así: el que no se alineen los astros puede hacer que se te escape un nobel.

    Un activista con bata de laboratorio

    Pauling no solo era un químico brillante, también era un activista comprometido. Durante la Guerra Fría, denunció los ensayos nucleares y luchó por tratados internacionales de desarme. Su firme postura le valió enfrentamientos con el gobierno estadounidense, incluso la inclusión en listas negras durante la caza de comunistas. Para Pauling, la ciencia no era solo conocimiento, era responsabilidad social.

    De hecho, también criticó duramente la industria automotriz y el uso de gasolina con plomo, denunciando sus efectos tóxicos en el sistema nervioso. Defendió la investigación en fuentes de energía más limpias, y en ese contexto apoyó la idea de los coches eléctricos como alternativa a los de gasolina.

    Medicina ortomolecular

    Ya en los años 60 Pauling se convirtió en un ferviente defensor de la vitamina C para prevenir resfriados y enfermedades como el cáncer. Publicó Vitamin C and the Common Cold y otros libros sobre su uso terapéutico, provocando debates encendidos entre médicos y nutricionistas.

    Posteriormente, Pauling amplió este concepto hacia la medicina ortomolecular. No, no significa que te administran vitaminas y otras moléculas por ahí por donde la espalda pierde su honesto nombre. El término significa «las moléculas correctas en la concentración correcta”. Al fundar el nuevo campo de la psiquiatría ortomolecular («Orthomolecular Psychiatry» Science 160:265-271, 1968), Pauling propuso que las anomalías mentales podían tratarse con éxito corrigiendo desequilibrios o deficiencias entre los constituyentes bioquímicos naturales del cerebro, en particular las vitaminas y otros micronutrientes, como alternativa a la administración de potentes fármacos psicoactivos sintéticos.

    Hoy sabemos que la vitamina C es beneficiosa, pero no milagrosa; sin embargo, su entusiasmo abrió el debate sobre nutrición y suplementación y nos enseñó a cuestionar la ciencia pero también a explorar sin miedo a la crítica.

    «The way to get good ideas is to get lots of ideas, and throw the bad ones away.» Linus Pauling

    ¿y tú, ¿qué opinas sobre la polémica de la vitamina C?. Te leo en comentarios.

    Otros logros que no podemos olvidar

    Su contribución a la ciencia no acaba aquí, ya que Linus y colaboradores fueron los primeros en describir una enfermedad humana como molecular, demostrando que la anemia falciforme era causada por defecto en una proteína.

    Pero es que antes ya había definido, junto a Robert Corey y Herman Branson, dos estructuras secundarias fundamentales de las proteínas, la hélice alfa y la hoja beta, un avance crucial para la biología estructural y base para comprender como es el ADN y cómo se pliegan las proteínas.

    The discovery of the α-helix and β-sheet, the principal structural features of proteins. Available at https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.2034522100

    Libros recomendados (disponibles en Amazon)

    Y para finalizar, algunas lecturas recomendadas sobre su vida y enormes logros:

    • Linus Pauling: Scientist and Peacemaker (Thomas Hager) – biografía completa, entretenida y con anécdotas jugosas.
    • The Nature of the Chemical Bond – imprescindible para químicos serios.
    • Vitamin C and the Common Cold – para los curiosos de la nutrición y la polémica.
    • No More War! – sobre su activismo pacifista.
  • Imagina volver de vacaciones y encontrarte estropeada una placa de Petri (un mini invernadero transparente de vidrio o plástico donde los científicos crecen microorganismos). La mayoría de personas tiraría la placa sin más; Alexander Fleming no. En ese gesto —mirar con atención donde otros ven suciedad — se encuentra el corazón de muchas grandes historias de la ciencia: serendipia + mirada entrenada = descubrimiento.

    1928 – Alexander Fleming y la penicilina

    En septiembre de 1928, el escocés Alexander Fleming regresaba de sus vacaciones a su laboratorio en el St. Mary’s Hospital de Londres. Al revisar sus placas de cultivo con Staphylococcus aureus, notó algo extraño: una de ellas había quedado contaminada con un hongo, y alrededor de este no crecían las bacterias.

    Lo que podría haber sido un accidente de laboratorio fue, en realidad, la pista hacia el primer antibiótico, la penicilina. El descubrimiento no fue inmediato, pero esa observación inicial abrió un camino que salvaría millones de vidas.

    El azar fue literalmente una espora caída en el lugar y momento precisos. Fleming tuvo la mirada y la curiosidad necesarias para no desechar el hallazgo como una simple contaminación. Creación propia con ayuda de inteligencia artificial (ChatGPT, OpenAI, 2025).


    El descubrimiento de Fleming fue el punto de partida. Durante la década de 1930 y principios de 1940, investigadores como Howard Florey, Ernst Chain y colaboradores —incluido Norman Heatley, con aportes técnicos clave— desarrollaron métodos para purificar y producir penicilina a escala suficiente para ensayos clínicos. El resultado fue la introducción de un antibiótico eficaz en la práctica médica, con un impacto enorme en la mortalidad por infecciones bacterianas, sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial. Fleming, Florey y Chain recibieron el Premio Nobel (Fisiología o Medicina) en 1945 por este conjunto de logros.

    Más información sobre este premio: https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/1945/summary/

    La historia de Fleming no es solo anécdota histórica. Ilustra cómo la combinación de curiosidad, formación y oportunidad puede cambiar el mundo. También nos recuerda que los avances biomédicos no son solo “ideas brillantes” aisladas: son procesos largos que implican descubrimiento, colaboración, desarrollo, producción y por supuesto, regulación.

    Así que ya sabes, la próxima vez que veas “algo raro” en un experimento, una observación clínica o un conjunto de datos, recuerda a Fleming: no es solo suerte. Es una oportunidad que exige una mente curiosa, un método sólido y el valor de investigar lo inesperado. Esa actitud es, hoy como ayer, la chispa que enciende la innovación en las ciencias de la salud.

    Y tú, ¿Qué otras serendipias en ciencia conoces?.

  • «Un virus es un pedazo de malas noticias envuelto en proteína». Esta genial definición del Nobel Peter Brian Medawar cobra un significado brutal cuando, en plenas vacaciones, una simple ronquera la víspera de un viaje te anuncia que has sido infectado por una nueva variante del SARS-Cov-2. Ahí, uno comprende a la perfección qué quería decir el científico con «malas noticias».

    Modelo atómico (cada bolita es un átomo) de la estructura externa del SARS-CoV-2, según Alexey Solodovnikov y colaboradores. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/SARS-CoV-2.

    Pero, como me preguntaba un vecino mientras nos remojábamos en la piscina, ¿aún existe el coronavirus?.

    Cuando pensamos en virus respiratorios, lo normal es asociarlos al invierno. Sin embargo, el coronavirus nos ha demostrado que puede tener oleadas importantes incluso en pleno verano, como la que estamos viendo en agosto de 2025.

    ¿Por qué nos infectamos en pleno verano?

    1. Agosto es un mes de vacaciones, con más viajes, festivales y reuniones sociales.
    2. La inmunidad frente a variantes previas disminuye con el tiempo, y las nuevas variantes encuentran población susceptible.
    3. El SARS-CoV-2 es un virus de ARN que muta constantemente (al cometer errores en su replicación), por lo que nuevas variantes pueden expandirse en verano.
    4. Aunque la gripe prefiere el frío, el coronavirus se transmite bien en interiores cerrados, mal ventilados y con aire acondicionado.
    5. El prácticamente nulo uso de mascarillas y más actividades en grupo favorecen los contagios.

    En Valencia, desde donde os escribo, el Sistema de Vigilancia de Infecciones Respiratorias Agudas de la Comunitat Valenciana, nos muestra las siguientes incidencias hasta la semana 33 de la temporada 2024-2025:

    Aquí tenéis el enlace para poder escudriñar la evolución en semanas posteriores a la de la creación de esta entrada: https://www.san.gva.es/es/web/salut-publica/sivira.

    (Actualización 30/09/2025: ¡la tasa de incidencia sigue subiendo!)

    ¿Qué variante de Sars-Cov-2 es la causante de ese repunte veraniego en los contagios?

    Stratus, XFG o la nueva variante Frankestein causante de Covid-19

    “Stratus”, o estrato es español, es un tipo de nube baja, extensa, que cubre grandes áreas, lo que simboliza muy bien la nueva variante de coronavirus que se expande ampliamente en la población y que ha venido a alterar el «stratus» quo del coronavirus.

    Imagen generada con ChatGPT basada en el disco de la mítica banda de rock Status Quo: The Vinyl Singles Collection 2000-2010.

    Pero no nos asustemos, esta nueva variante, aunque bajo vigilancia por la OMS (1), no reviste especial gravedad, de momento. Se trata de una cepa que forma parte de la familia Ómicron que surgió al infectarse una persona simultáneamente por dos subvariantes distintas —LF.7 y LP.8.1.2—, y producirse un intercambio de material genético entre ellas (recombinación). Y digo de momento, porque aunque los primeros estudios sugieren que las vacunas actualmente aprobadas continúan siendo eficaces frente a la variante Stratus, los científicos vigilan una posible evasión inmunitaria futura. De hecho, Stratus presenta mutaciones en los aminoácidos 478 y 487 en la proteína de la espiga (la que da al virus esa apariencia de corona solar tan peculiar al microscopio electrónico). Estas u otras mutaciones podrían mejorar su capacidad para evadir la respuesta inmunitaria.

    Habrá que estar atentos.

    ¿Quieres leer más sobre virus patógenos, pandemias desoladoras o sobre el mismísimo Frankestein?. Visita mi perfil de Instagram, para conocer mis libros recomendados:

    (1) https://www.who.int/publications/m/item/risk-evaluation-for-sars-cov-2-variant-under-monitoring-xfg

  • Bienvenido a este espacio, donde la ciencia se mira con zoom: descubrimientos, curiosidades y fotografías que cuentan historias más allá del ojo humano.

    ¿Por qué hoy, un 19 de agosto?

    Primero porque tal día como hoy en 1994 falleció el químico estadounidense -y protagonista del logo- Linus Pauling, un genio ganador del premio Nobel de Química (1954), por su trabajo fundamental sobre la naturaleza del enlace químico, y también del Premio Nobel de la Paz en 1962, por su activismo contra la carrera de armas nucleares.

    Es esta otra entrada os cuento algunos datos muy curiosos sobre su vida y de cómo su trabajo impactó enormemente en la biología y la salud. Mientras, os dejo un breve vídeo sobre este genio, creado por el Gobierno Mexicano:

    Pero, ¿de qué va este blog?

    Este blog versa sobre curiosidades científicas y va a contar en muchas de sus entradas con numerosas fotografías originales tomadas por su autor, donde además de explicar los detalles técnicos para los aficionados a la fotografía (datos de la cámara, óptica y parámetros de captura), se explicará, con rigor científico, lo que la imagen suscita intelectualmente hablando. Así que os invito a estar atentos a mis nuevas publicaciones, también en Instagram:

    Por cierto, otra coincidencia: casualmente hoy día 19 de agosto es el Día Mundial de la Fotografía, que se celebra en homenaje a Louis Daguerre, que presentó en 1839 oficialmente en la Academia Francesa de Ciencias su invento del daguerrotipo, el primer procedimiento fotográfico.

    Mentes curiosas, aquí tenéis otro pequeño vídeo sobre este invento único:

    ¡Un saludo!