Este post no va de artes marciales. O quizá un poco sí, porque, aunque no voy a detenerme (eso quedará para otro día) ni en la depurada técnica de la mantis ni en el Tang Lang Quan —ese curioso estilo de kung-fu inspirado en los movimientos de este insecto—, lo que quiero contarte guarda cierta relación con las artes marciales. Las mismas que Bruce Lee convirtió en religión en la legendaria película de Hollywood Operación Dragón (Enter the Dragon en Estados Unidos). En una de sus escenas, dos mantis religiosas combaten ante la atónita mirada de John Saxon, que acaba equivocándose al apostar por la derrotada.

Pero, ¿por qué asociar la Mantis religiosa con las artes marciales?.

Tal vez su calma mantenida antes de apresar a su víctima, la guardia que adopta antes de atacar, su rapidez y precisión y el modo en que controla al adversario -más con técnica que con fuerza-, es lo que convierte a este insecto en un auténtico guerrero marcial.

Si alguna vez te has cruzado con una mantis religiosa, seguro que lo primero que te ha impresionado son sus garras en posición de rezo -de ahí su nombre- y sus ojos inmensos, fijos en ti como si supieran exactamente lo que piensas. Pero detrás de esa mirada intimidante se esconde un insecto fascinante, diseñado para la caza.

Mantis religiosa, con la cabeza girada (poco común en insectos) y con las «pupilas» negras. En realidad son un efecto óptico llamado pseudopupila: es el punto donde múltiples omatidios miran directamente hacia ti y absorben más luz. Fotografía captada el pasado mes de agosto cerca del lago de Playamonte (Valencia). Aprende cómo fue tomada la foto y descubre más fotos como ésta en mi Instagram, @homo_noscens.

Anatomía de un depredador excepcional

A cada lado de la cabeza, la mantis porta dos enormes ojos compuestos, formados cada uno por miles de omatidios, pequeñas unidades que captan la luz desde diferentes ángulos. El resultado es una visión en mosaico, capaz de detectar movimientos mínimos en el entorno. Esa sensibilidad convierte a la mantis en un depredador implacable: basta con que una mosca bata sus alas cerca para que quede registrada en su campo visual.

Pero la mantis no se conforma con eso. Además de sus ojos compuestos, dispone de tres ojos simples —llamados ocelos— situados en la parte superior de la cabeza (observa más abajo la foto). Estos pequeños sensores no forman imágenes, pero cumplen una misión crucial: detectar cambios en la luz y ayudar a estabilizar el movimiento y el vuelo. En otras palabras, los ocelos funcionan como un sistema de alarma y de orientación que refuerza su eficacia como cazadora.

Las garras delanteras de la mantis —conocidas como patas raptoriales— están equipadas con espinas afiladas que funcionan como púas. Cuando la presa se acerca lo suficiente, la mantis despliega un ataque relámpago: en una fracción de segundo, sus patas se cierran como una trampa y el insecto queda inmovilizado, sin posibilidad de escape. En la foto se aprecian, entre las antenas, los tres ocelos de la mantis.

Combinando ambos sistemas visuales, la mantis puede calcular con precisión milimétrica la distancia a su presa, permaneciendo inmóvil hasta el momento justo de atacar con sus temibles patas delanteras en forma de garra.

Golpe letal a la sombra del dragón

Estaba yo hace un mes fotografiando pequeños dragones (salamanquesa común), cuando una preciosa mantis de color verde se posó sobre una farola cercana. Entusiasmado, giré mi objetivo hacia ella, me acerqué para retratarla en la noche pero el bicho, al invadir yo su espacio vital, saltó como un resorte. Mi sobrino, que se encontraba a mi lado jugando con una raqueta, se asustó de tal manera al ver el insecto sobre su cabeza que en acto reflejo lo golpeó como si estuviera en una final de Wimbledon. La mantis tuvo tan mala suerte que quedó cercenada a la altura del tórax. Un drama.

Aún habiendo sido seccionada accidentalmente a la altura del tórax, la mantis siguió desplazándose, agitando sus patas y moviendo sus garras delanteras, como buena criatura de la noche.

La mantis sigue «viva» tras haber sido seccionada por la mitad

Separada de su cuerpo, la mantis se mantuvo casi dos días moviéndose como un zombie tras la sombra de Michael Jackson (cuando aún era negro). La razón estriba en que la mantis, como otros insectos grandes, tiene un sistema nervioso ganglionar: el cerebro, también llamado ganglio supraesofágico, el ganglio subesofágico (que controla boca y piezas bucales) y una cadena ventral de ganglios torácicos y abdominales. Los ganglios torácicos —especialmente el primero, segundo y tercero— contienen circuitos locales que controlan patas, alas y patrones rítmicos de locomoción. La cabeza concentra sensores cruciales, como ojos compuestos y antenas.

El sistema ganglionar permite una gran autonomía de las diferentes partes del cuerpo. Una pata puede reaccionar a un estímulo (como un golpe o roce) de forma casi independiente del cerebro, lo que la hace muy ágil. Sin embargo, tras haber sido separada de su cuerpo, la mantis no está bien y tarde o temprano fallece por inanición u otras causas; los movimientos son actos reflejos locales, no una conducta voluntaria.

¿Te parece curioso?. Pues aún hay más: durante el apareamiento, puede ocurrir que los machos sean decapitados por las hembras pero continúen con la cópula e inseminación, debido al control de los genitales por ganglios abdominales.

Si te interesa saber más al respecto de este curioso caso de canibalismo sexual, échale un vistazo a estas estupendas entradas de National Geographic y RTVE:

http://nationalgeographic.com.es/mundo-animal/a-dios-rogando_24366#twitter#twitter

https://amp.rtve.es/television/20221030/7-secretos-curiosidades-mantis-religiosas-cuaderno-campo/2407361.shtml

Un abrazo, ¡kungfu pandas!.

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