Fernando Martínez Montañés ha dedicado parte de su vida a entender cómo funcionan los genes y cómo regulan procesos tan esenciales como el metabolismo de los lípidos. Profesor Titular en la Universidad Europea de Valencia, trabajó anteriormente en el CSIC y otros centros de excelencia en Europa, y combina la pasión por descubrir con la vocación de enseñar y acercar la ciencia a la sociedad.

  • Decía mi ídolo Bruce Lee que cuanto más comprendemos, más profundo se vuelve nuestro vínculo con todo lo que nos rodea. Quizá por eso observar y hacerse preguntas sobre aquello que encontramos mientras viajamos sea una de las formas más agradables de aprender sobre el lugar y lo que lo habita.

    Hoy quiero rendir un pequeño homenaje a unos pequeños reptiles que fui encontrando por el camino en distintos lugares de España y que esconden una historia evolutiva de más de 250 millones de años, una extraordinaria capacidad de adaptación y algunas pistas que la ciencia intenta descifrar para entender cómo regenerar tejidos, responder a los cambios ambientales y afrontar los desafíos de un planeta en transformación.

    De la costa a la montaña: tres lagartijas ibéricas

    Cuando pensamos en animales especialmente resistentes, solemos imaginar osos, lobos o grandes rapaces. Sin embargo, algunos de los ejemplos más sorprendentes de supervivencia se esconden a ras de suelo, entre piedras, troncos y muros, en pequeños reptiles que muchas veces apenas llaman nuestra atención.

    En distintos viajes por la península ibérica he tenido la oportunidad de fotografiar tres especies del género Podarcis: la lagartija roquera (Podarcis muralis) en Cantabria, la lagartija parda (Podarcis liolepis) en el interior de Valencia y la lagartija balear (Podarcis lilfordi) en la isla de Cabrera.

    A primera vista pueden parecer muy similares, pero cada una refleja una historia distinta de adaptación a su entorno. Las tres comparten, además, una de las capacidades más llamativas de muchos lagartos: la autotomía y posterior regeneración de la cola, una estrategia defensiva que conecta evolución, ecología y biomedicina. Dejadme que os lo cuente.

    Cabrera: una isla convertida en laboratorio evolutivo

    Nuestra primera parada es el Parque Nacional del Archipiélago de Cabrera, donde vive una auténtica joya evolutiva: la lagartija balear (Podarcis lilfordi).

    Aislada durante miles de años en pequeñas islas mediterráneas, cada población ha seguido su propio camino evolutivo. Algunas presentan diferencias de tamaño, coloración o comportamiento tan marcadas que cuesta creer que pertenezcan a la misma especie.

    Lagartija balear (Podarcis lilfordi) fotografiada en la isla de Cabrera. La intensa coloración azulada contrasta con el tramo distal de la cola, de aspecto y tonalidad diferentes, correspondiente a una porción regenerada tras un episodio previo de autotomía.

    Lagartija balear (Podarcis lilfordi) en Cabrera, una especie muy abundante y habituada a la presencia humana. Este ejemplar porta en la boca lo que parece una pequeña espiga, reflejo de su dieta oportunista y variada.

    Este aislamiento convierte Cabrera en un laboratorio natural para estudiar cómo evolucionan las poblaciones cuando el intercambio genético prácticamente desaparece. Para ello, las modernas técnicas de secuenciación de ADN, que permiten reconstruir esa historia analizando cientos de miles de variantes genéticas distribuidas por todo el genoma, nos pueden ser de gran ayuda. Es exactamente el mismo tipo de herramientas que hoy emplean los científicos para estudiar cáncer, enfermedades hereditarias, microorganismos o evolución viral.

    Cantabria: sobrevivir bajo un clima impredecible

    Viajemos ahora a la cornisa cantábrica, donde el verano nunca está garantizado del todo. Un mismo día puede alternar lluvia, niebla y sol intenso. Allí puedes encontrar fácilmente a la lagartija roquera (Podarcis muralis), que como todos los reptiles, son ectotermas. Su temperatura corporal depende en gran medida del ambiente, pero eso no significa que sean simples esclavos del clima: buscan superficies soleadas, cambian su orientación y se refugian cuando alcanzan temperaturas demasiado elevadas.

    Más al sur encontramos el problema contrario. Durante el verano mediterráneo, una lagartija debe evitar precisamente el sobrecalentamiento. Dos ambientes muy distintos y una misma estrategia: utilizar el comportamiento para mantener la fisiología dentro de unos límites compatibles con la vida.

    Pero las lagartijas guardan una adaptación todavía más sorprendente.

    Lagartija roquera (Podarcis muralis) fotografiada en Cantabria, aprovechando una superficie expuesta al sol para elevar su temperatura corporal, como es habitual en estos reptiles ectotermos. El cambio brusco de coloración y patrón de la cola indica además que probablemente fue perdida por autotomía y posteriormente regenerada.

    Cuando sobrevivir significa saber cuándo esconderse

    Como hemos comentado, el escenario cambia completamente en el interior valenciano. Aquí el problema ya no es calentarse, sino evitar sobrecalentarse. Durante las horas más calurosas, estos animales alternan periodos de exposición solar con retiradas rápidas hacia grietas y zonas de sombra.

    Lagartija parda, fotografiada en agosto de 2025 en Playamonte (Valencia), caracterizada por una cola extraordinariamente larga, que puede superar ampliamente la longitud del cuerpo. Además de intervenir en el equilibrio y la locomoción, la cola constituye una estructura clave frente a los depredadores gracias a la capacidad de autotomía y posterior regeneración.

    La lagartija fotografiada pertenece al género Podarcis y probablemente corresponde a la lagartija parda (Podarcis liolepis). Su coloración parda y moteada se integra perfectamente con piedras, troncos y suelos secos.

    Lagartija joven del género Podarcis capturada en la Eliana, Valencia en agosto de 2026. La piel queratinizada reduce la pérdida de agua y las protege frente al ambiente terrestre. Sus grandes ojos son esenciales para detectar presas y depredadores, mientras que los pequeños orificios nasales, situados cerca del extremo del hocico, permiten captar las señales químicas del entorno mientras el resto del cuerpo protegido entre piedras o grietas.

    La pata de la lagartija presenta cinco dedos largos y móviles, recubiertos por pequeñas escamas y terminados en garras curvas. Esta anatomía le proporciona agarre y precisión al desplazarse por superficies irregulares, trepar y aferrarse a grietas, rocas o vegetación.

    Su coloración no es casual. Las manchas oscuras rompen la silueta del cuerpo y dificultan que aves rapaces, culebras o pequeños mamíferos detecten su contorno. Pero cuando el camuflaje falla, todavía dispone de una última estrategia: puede abandonar una parte de su propio cuerpo.

    Autotomía caudal: perder una parte para salvar el todo

    Imaginemos que una de esas lagartijas es atacada por un ave. El depredador consigue agarrarla por la cola. Y entonces ocurre algo extraordinario: la lagartija se desprende voluntariamente de una parte de su cuerpo. No es ciencia ficción. Es biología regenerativa ocurriendo delante de nosotros y se denomina autotomía caudal.

    La separación ocurre por regiones anatómicas predispuestas a romperse. Al mismo tiempo se ponen en marcha mecanismos que limitan rápidamente la hemorragia. Mientras la lagartija huye, la cola desprendida continúa moviéndose., desviando así la atención del depredador.

    Desde el punto de vista evolutivo, resulta una estrategia brillante: dirigir el ataque hacia una estructura relativamente prescindible para proteger órganos esenciales. Sin embargo, el precio no es pequeño: La cola participa en el equilibrio, la locomoción y, en muchas especies, almacena importantes reservas energéticas.

    Desde el punto de vista biomédico, lo verdaderamente interesante comienza unos días después. Porque la herida no se limita a cicatrizar. Empieza a regenerarse.

    Lagartija balear (Podarcis lilfordi) fotografiada en la isla de Cabrera en 2010, con la cola en proceso de regeneración tras un episodio de autotomía. La nueva porción caudal, todavía en crecimiento, permite observar de forma directa una de las adaptaciones defensivas más características de muchos lacértidos.

    Puede parecer un detalle anecdótico, pero la regeneración de la cola genera multitud de preguntas a los científicos. Por ejemplo, los biólogos evolutivos y ecólogos se preguntan cómo la selección natural favoreció esta estrategia o si podemos cuantificar la presión de depredación observando cuántos individuos presentan colas regeneradas.

    Por su parte, los biólogos moleculares quieren saber qué mecanismos moleculares imposibles para nuestra especie tienen lugar, así como qué genes y señales celulares controlan ese proceso de regeneración caudal.

    Para un biomédico o biotecnólogo, las preguntas tienen un enfoque más aplicado: ¿cómo se repara un tejido después de una lesión?, ¿cómo se coordinan inflamación, proliferación celular, vascularización e inervación?.


    Regeneración frente a cicatrización: ¿qué estrategia es mejor?

    Una de las preguntas más fascinantes para la biomedicina es ¿por qué una lagartija puede regenerar una estructura compleja mientras que los mamíferos respondemos a lesiones similares principalmente mediante cicatrización y fibrosis?

    La respuesta probablemente no se encuentra en un supuesto «gen de la regeneración», sino en la coordinación de muchas rutas relacionadas con inflamación, proliferación celular, angiogénesis, señalización nerviosa y organización de la matriz extracelular.

    Ante una lesión importante, el organismo humano responde rápidamente para cerrar la herida cuanto antes. Se activa la coagulación, llegan células inmunitarias, proliferan fibroblastos y comienza la deposición de matriz extracelular. El problema es que esa reparación suele terminar formando tejido cicatricial, muy eficaz para reparar, pero bastante malo para regenerar. Su principal componente es una matriz extracelular muy rica y densamente organizada en colágeno. Esa matriz tiene varias consecuencias:

    Primero, constituye una barrera física. Las células que deben migrar hacia la zona lesionada para reconstruir el tejido encuentran mucho más difícil atravesar una matriz fibrótica compacta.

    Segundo, la cicatriz genera un entorno molecular que favorece que las células se conviertan en fibroblastos productores de matriz, en lugar de permanecer proliferativas y participar en la reconstrucción del órgano. Señales como TGF-β son importantes en este proceso: una activación intensa y prolongada favorece fibrosis; una respuesta más controlada permite regeneración.

    Y hay un tercer aspecto especialmente importante en la cola: los nervios tienen que volver a crecer. La regeneración de la cola de los lagartos depende enormemente de la reinervación. Una matriz fibrótica densa puede obstaculizar el crecimiento de los axones y alterar las señales que mantienen proliferando a las células regenerativas.

    Comparación entre la cicatrización en mamíferos y la regeneración de la cola en lagartos. Ilustración generada con inteligencia artificial mediante ChatGPT (OpenAI), a partir de contenido y supervisión del autor.

    La lagartija sigue un camino diferente. Tras la autotomía de la cola ocurre primero algo parecido a nuestra curación de heridas: se detiene la hemorragia y la superficie se cubre rápidamente por un epitelio de herida. Pero después, en lugar de producir una gran acumulación de colágeno y fibroblastos que selle permanentemente la zona, se forma debajo una población de células proliferativas que contribuirá a reconstruir piel, vasos sanguíneos, músculo, tejido conjuntivo, nervios y una estructura cartilaginosa en forma de tubo que sustituye la cola original.

    Aquí surge una cuestión esencial para la medicina regenerativa: tras la amputación, ¿cómo consigue el organismo activar una proliferación intensa sin convertirla en crecimiento descontrolado?. La frontera entre regeneración y cáncer es biológicamente mucho más interesante de lo que parece.

    Con herramientas como RNA-seq, proteómica, transcriptómica de célula única o transcriptómica espacial podemos investigar qué células participan, qué genes se activan y cómo cambia el tejido durante las diferentes etapas de regeneración. Vamos, que una simple lagartija tomando el sol nos puede dar paso a todo un proyecto de biología molecular.

    ¡Hasta la próxima amigos!

    Pd: Si quieres saber más sobre cómo exactamente las lagartijas pierden la cola, échale un vistazo a este vídeo de la Asociación Iberozoa:

  • Suspendida en el aire, inmóvil y silenciosa, la impresionante araña tigre parece no hacer nada. Pero bajo sus ocho patas se extiende una trampa de precisión: una red de seda que detecta el más leve temblor, delata la llegada de una presa y guía a la cazadora hasta ella. No necesita perseguir ni saltar. Esta tigresa de ocho ojos ha convertido unos delicados hilos en su territorio, sus sentidos y su arma de caza.

    Hembra de araña tigre (Argiope bruennichi) vista desde su cara dorsal. El abdomen presenta el característico patrón de bandas amarillas, negras y blanquecinas que recuerda a la coloración de una avispa, mientras que las largas patas anilladas se mantienen extendidas sobre los radios de la telaraña. Su postura en forma de cruz y el abdomen ovalado, ligeramente apuntado en el extremo posterior, son rasgos distintivos de esta gran araña tejedora. Fotografiada en Montserrat, Valencia.

    A primera vista, los colores de la araña tigre parecen una mala idea. Una depredadora situada en medio de una tela debería intentar pasar inadvertida, no exhibir un abdomen amarillo, negro y blanco.

    La explicación más popular es que imita la apariencia de una avispa y disuade a posibles depredadores. Sin embargo, su coloración también puede estar dirigida hacia las presas. En un estudio experimental, las arañas que conservaban su coloración natural capturaron más insectos que aquellas cuyo abdomen había sido oscurecido o escondido visualmente. Los resultados respaldaron con fuerza la hipótesis de que el patrón brillante funciona como señuelo visual, aunque también podría contribuir en menor medida a romper la silueta de la araña sobre el fondo.

    En otras palabras, aquello que para nosotros parece una señal de advertencia puede resultar atractivo para determinados insectos. Las flores no son los únicos organismos que explotan la sensibilidad visual de sus visitantes.

    Ocho ojos, pero no la mirada de una araña saltarina

    Como la mayoría de las arañas, Argiope bruennichi posee ocho ojos simples, cada uno con su propia lente. No son ojos compuestos como los de las moscas o las libélulas, formados por multitud de omatidios, sino pequeñas cámaras individuales agrupadas en la parte anterior del prosoma.

    La diferencia con las arañas saltarinas, pertenecientes a la familia Salticidae, no está tanto en el número como en la especialización. Las saltarinas también tienen ocho ojos, pero sus dos grandes ojos centrales anteriores actúan como pequeños telescopios: proporcionan elevada resolución, permiten reconocer formas y colores y ayudan a calcular con precisión la distancia antes de saltar y abalanzarse sobre su presa. Los otros seis amplían el campo visual y detectan movimientos alrededor del animal.

    Vista frontal de un saltícido. A diferencia de la araña tigre, que espera las vibraciones producidas en su red, esta diminuta araña saltarina es una cazadora visual activa. Los grandes ojos centrales proporcionan una visión de alta resolución, mientras que bajo ellos destacan los robustos quelíceros rojizos, terminados en colmillos curvos. Los pedipalpos, más pequeños y cubiertos de pelos, ayudan a explorar y manipular la presa durante la alimentación. Fotografía tomada en la terraza de mi casa, en Valencia.

    Los ojos de la araña tigre son mucho más pequeños y su visión es comparativamente modesta. Puede percibir cambios luminosos, movimiento y objetos próximos, pero no necesita identificar visualmente una presa situada a distancia. Su estrategia evolutiva ha sido diferente: en lugar de buscar activamente la comida, ha construido una superficie sensorial gigantesca.

    Para una Argiope, la telaraña es una especie de oído extendido. Cuando un insecto choca contra la red, genera ondas cuya frecuencia, intensidad y dirección se transmiten por los hilos hasta las patas de la araña. Los receptores mecánicos situados en las patas y articulaciones le permiten distinguir la caída de una hoja, el viento, la presencia de una presa o incluso las vibraciones producidas por un macho durante el cortejo. Las arañas tejedoras dependen mucho más de estas señales mecánicas que de la visión.

    Una telaraña que también es un órgano sensorial

    La araña tigre construye una gran tela orbicular, con radios que parten de una zona central y una espiral de captura recubierta de material adhesivo. Suele instalarla a poca altura, entre gramíneas, juncos y otras plantas de praderas húmedas o espacios abiertos. En condiciones favorables, las redes de las hembras pueden alcanzar alrededor de treinta centímetros de diámetro.

    La araña permanece normalmente cerca del centro, con la cabeza orientada hacia abajo y las patas agrupadas por parejas, formando una silueta parecida a una X. Esa postura no es meramente estética: mantiene varias patas en contacto con diferentes radios y facilita la recepción de vibraciones procedentes de distintos sectores de la red.

    En muchas telas aparece además una banda de seda blanca y densa, frecuentemente dispuesta en zigzag, denominada estabilimento (se puede observar en la parte inferior de la fotografía de la primera foto). Durante años se pensó que servía para reforzar estructuralmente la tela, pero hoy se considera que su función es bastante más compleja. Se ha propuesto que puede atraer insectos sensibles a la radiación ultravioleta, disimular la silueta de la araña o hacer visible la red para evitar que aves y otros animales grandes la destruyan al atravesarla.

    Primero seda, después veneno

    Cuando una presa queda atrapada, la araña tigre no se limita a correr hacia ella y morderla. Las especies del género Argiope están especializadas en lanzar rápidamente grandes cantidades de seda aciniforme, utilizada para envolver y reducir los movimientos del insecto.

    La araña gira alrededor de la presa mientras proyecta sobre ella una auténtica sábana de seda. Solo cuando el animal está inmovilizado puede morderlo e inocular el veneno que facilita su parálisis y posterior digestión. Este predominio del ataque mediante envoltura resulta especialmente útil frente a ortópteros como saltamontes y grillos, que pueden ser grandes, fuertes y capaces de dañar a la araña con sus patas.

    Una hembra muy grande junto a un macho diminuto

    La araña tigre de la segunda fotografía es casi con seguridad una hembra, pues en la parte inferior se distingue una protuberancia redondeada, marrón o rojiza, que con gran probabilidad es el epigino de la hembra y, más concretamente, su prominente escapo. El epigino es la parte externa y endurecida del aparato reproductor femenino. En Argiope bruennichi, el escapo sobresale como una lengüeta o relieve abombado y cubre parcialmente la región de las aberturas genitales. Durante la cópula, esta estructura guía y se acopla con los órganos copuladores situados en los pedipalpos del macho. Su forma es tan específica que los aracnólogos la utilizan para distinguir especies muy próximas.

    Su presencia bien desarrollada, junto con el gran tamaño y el patrón cromático, confirma que la protagonista de las fotografías es una hembra adulta. En esta especie, el escapo cubre las aberturas genitales y constituye una de las estructuras utilizadas para reconocer la madurez sexual de la hembra.

    Las hembras pueden medir aproximadamente entre 10 y 22 milímetros de longitud corporal, sin contar las patas, mientras que los machos suelen quedarse entre 7 y 8 milímetros. Además, estos últimos son mucho más delgados y discretos, sin el espectacular abdomen de las hembras.

    Hembra de araña tigre —probablemente Argiope bruennichi— vista desde su cara ventral. El abdomen oscuro con bandas amarillas longitudinales, las patas anilladas y la postura invertida sobre la tela son característicos de esta gran araña orbicular. Fotografía tomada en Montserrat, Valencia.

    Esta diferencia de tamaño convierte el apareamiento en una operación peligrosa. El macho se aproxima a la tela y produce vibraciones específicas para comunicar que no es una presa. Aun así, el canibalismo sexual es frecuente. En experimentos de laboratorio se observó que cerca del 80 % de los machos eran capturados durante su primera inserción copulatoria, y una segunda cópula podía resultar inevitablemente mortal. Estas cifras dependen de las condiciones experimentales y no deben interpretarse como una tasa fija para todas las poblaciones silvestres.

    El macho dispone de dos pedipalpos copuladores y puede dejar fragmentos de ellos dentro de los conductos genitales de la hembra. Estos fragmentos actúan como tapones y dificultan la inseminación por otros machos. Se trata de un ejemplo extremo de conflicto sexual: la hembra puede beneficiarse de aparearse con diferentes individuos, mientras que el macho intenta asegurar su propia paternidad.

    Los machos también tejen y cazan durante su juventud, pero al alcanzar la madurez abandonan la vida sedentaria de la red y salen en busca de hembras. Ella conserva la casa y la despensa; él cambia la telaraña por una peligrosa vida de explorador, con la desventaja de que cada encuentro puede terminar en cita, cópula y cena. Gajes del oficio.

  • Tal día como hoy en 1947 nació Françoise Barré-Sinoussi, viróloga francesa que participó en la identificación del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Recibió por ello el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2008 junto con Luc Montagnier, premio que compartieron con Harald zur Hausen, que demostró junto a su equipo que el virus del papiloma humano (VPH) causa cáncer de cuello uterino.

    Micrografía electrónica de transmisión de partículas del VIH-1 —en color verde azulado— saliendo de una célula inmunitaria infectada tras haberse replicado en su interior. La ampliación circular muestra la cápside —en amarillo—, que rodea el ARN y las enzimas necesarias para la replicación. Fuente: NIAID.

    La polémica está servida

    En el artículo de Science del 20 de mayo de 1983 que describió por primera vez el nuevo retrovirus, Françoise Barré-Sinoussi aparece como primera autora. Luc Montagnier aparece como último autor, posición asociada habitualmente al responsable sénior del grupo. Barré-Sinoussi realizó una parte experimental decisiva. Trabajó con las células procedentes del ganglio linfático de un paciente, siguió los cultivos y detectó el aumento de la actividad de la transcriptasa inversa, una de las primeras señales de que estaban ante un retrovirus.

    Pese a su papel principal, es común leer en muchos medios «Montagnier descubrió el VIH», lo cual es históricamente incompleto. Lo correcto sería hablar del equipo del Instituto Pasteur y, especialmente, de Françoise Barré-Sinoussi, Jean-Claude Chermann y Luc Montagnier. Pero, ¿quién era quién? y ¿por qué no se galardonó con el nobel a Jean-Claude Chermann?.

    Luc Montagnier —izquierda—, Jean-Claude Chermann —centro— y Françoise Barré-Sinoussi con un frasco que contenía el virus asociado a linfadenopatía, en 1984. Crédito de la fotografía: Michel Clément / Agence France-Presse —AFP—, 1984. Fuente: https://www.idcmjournal.org/the-three-pioneers-of-hiv-discovery

    Montagnier era el jefe de la unidad

    Barré-Sinoussi era entonces una investigadora joven que trabajaba en el laboratorio de Jean-Claude Chermann, integrado en la Unidad de Oncología Viral dirigida por Montagnier. Los medios suelen atribuir los descubrimientos colectivos al director del laboratorio, aunque el trabajo experimental haya sido realizado principalmente por investigadores más jóvenes. Esto no significa que Montagnier no contribuyera: participó en la dirección científica, interpretación y presentación del descubrimiento. Pero la jerarquía académica hizo que su nombre funcionara como representación pública de todo el equipo.

    La historia se contó como un duelo entre Montagnier y Gallo

    Durante los años ochenta se produjo una disputa científica, política y económica entre el grupo francés del Instituto Pasteur y el equipo estadounidense de Robert Gallo. Estaban en juego la prioridad del descubrimiento y las patentes de las pruebas diagnósticas.

    Por eso la prensa convirtió una investigación colectiva en una historia mucho más sencilla: Montagnier contra Gallo; Francia contra Estados Unidos.

    Los equipos completos desaparecieron detrás de los nombres de sus dos jefes. Aquella controversia pública consolidó a Montagnier como «el descubridor francés del VIH», relegando a Barré-Sinoussi y a otros integrantes del laboratorio.

    Décadas después, Montagnier alcanzó de nuevo una enorme notoriedad por defender afirmaciones muy cuestionadas científicamente sobre homeopatía, supuestas señales electromagnéticas del ADN y, posteriormente, vacunas y COVID-19. Estas controversias hicieron que su nombre circulara constantemente acompañado de la etiqueta «Premio Nobel y descubridor del VIH».

    Barré-Sinoussi siguió una trayectoria mucho menos estridente: investigación en primera línea sobre VIH, cooperación con países con recursos limitados, salud pública y activismo en favor de las personas que viven con el virus. Esa labor genera menos titulares que una polémica.

    ¿Qué ocurrió con Jean-Claude Chermann?

    Como mencioné anteriormente, Jean-Claude Chermann, segundo autor del artículo original y responsable directo del laboratorio en el que trabajaba Barré-Sinoussi, no recibió el Nobel, que sólo se concede a un máximo de tres personas, pese a que los grandes descubrimientos rara vez pertenecen verdaderamente a una o dos personas (aunque Harald Zur Hausen sí se llevó él solo la otra mitad del premio).

    El profesor Chermann, ya retirado, fue autor o coautor de más de 200 artículos científicos. Sus contribuciones científicas y médicas fueron reconocidas con diversos galardones, entre ellos el nombramiento como caballero de la Orden Nacional del Mérito de Francia o el King Faisal Prize, así como su elección como miembro de varias sociedades científicas y médicas de prestigio.

    ¿Quieres saber más?. Aquí tienes artículos relevantes:

    1. Face OffsScience

    Bhattacharjee Y. Face offs. Science. 2008;322(5909):1765. doi: 10.1126/science.322.5909.1765a.

    Es probablemente la referencia publicada en una revista científica que aborda de manera más directa la reclamación de Chermann. Describe la comparecencia que organizó ante periodistas, el comité creado para reivindicar su contribución y los argumentos de quienes consideraban que había sido injustamente excluido.

    2. On Viruses, Discovery, and RecognitionCell

    Weiss RA. On viruses, discovery, and recognition. Cell. 2008;135(6):983–986. doi: 10.1016/j.cell.2008.11.022.

    Es especialmente interesante porque ofrece una visión más equilibrada. Robin Weiss recuerda que inicialmente se hablaba del equipo del Pasteur como un trío formado por Montagnier, Chermann y Barré-Sinoussi, pero señala que, al haberse reservado una parte del Nobel a Harald zur Hausen, solo quedaban dos posibles nombres para reconocer el descubrimiento del VIH. Weiss considera comprensible que el comité escogiera a la primera autora y al último autor del artículo de 1983. No afirma que Chermann careciera de méritos; explica la lógica que pudo seguir el comité.

    Esta referencia resulta muy valiosa porque muestra que la controversia no tiene una interpretación única:

    • Para unos, Chermann fue un codescubridor injustamente omitido.
    • Para otros, el comité tuvo que seleccionar dos personas dentro de un equipo mayor y utilizó como criterio la posición de autoría.

    3. The Three Pioneers in the Discovery of the Human Immunodeficiency VirusInfectious Diseases and Clinical Microbiology

    Gökengin AD. The three pioneers in the discovery of the human immunodeficiency virus. Infect Dis Clin Microbiol. 2025;7(4):463–465. doi: 10.36519/idcm.2025.964.

    Es una referencia reciente y muy explícita. Presenta a Barré-Sinoussi, Montagnier y Chermann como los tres pioneros del descubrimiento del VIH. Además, indica directamente que Chermann, segundo autor del primer artículo y responsable del equipo, quedó fuera del proceso de concesión del Nobel.

    Probablemente sea la mejor referencia reciente para sostener la formulación:

    El aislamiento del VIH fue el resultado del trabajo de tres pioneros franceses, aunque solo dos recibieron el Nobel.

    4. Un découvreur de tropLe Monde

    Davet G. Un découvreur de trop. Le Monde. 9 de diciembre de 2008.

    Es el reportaje periodístico más completo que he localizado específicamente sobre su ausencia. Reconstruye las relaciones entre Chermann, Montagnier y Barré-Sinoussi, el funcionamiento del laboratorio, las disputas posteriores y el sentimiento de exclusión de Chermann.

    Contiene además un testimonio muy importante de Barré-Sinoussi: reconoce la larga colaboración con Chermann, comprende su sentimiento de injusticia y lo identifica como uno de los codescubridores del virus. El reportaje también diferencia las aportaciones: Barré-Sinoussi realizó la detección experimental decisiva, Chermann dirigía el laboratorio donde se desarrolló parte del trabajo y Montagnier dirigía la unidad del Instituto Pasteur.

    5. Les oubliés des NobelLe Monde

    Morin H, Nau JY. Les oubliés des Nobel. Le Monde. 20 de octubre de 2008.

    No está dedicado únicamente a Chermann, sino a científicos excluidos de diferentes premios Nobel. Lo compara con otros casos y utiliza su ausencia para cuestionar la capacidad del Nobel de representar correctamente descubrimientos realizados por equipos numerosos. Los autores recuerdan que Chermann era el segundo firmante del artículo de 1983 y que recibió el apoyo de sus antiguos compañeros, incluidos los propios galardonados.

  • Entre las alargadas sombras del crepúsculo, cuando los murciélagos despiertan y la humanidad duerme, algo más antiguo que el miedo se pone en movimiento. Los virus —invisibles, persistentes, eternos— viajan en el interior de las criaturas de la noche, suspendidos entre la vida y la muerte. No laten ni respiran, pero sueñan con apoderarse de ti.


    Cuando la vida se oculta en la sombra, la muerte aparece en la luz

    Mucho antes de que la ciencia conociera su existencia, los humanos ya temían su comportamiento. Seres malignos que desaparecían durante años y que, ocultos en el aire, consumían las almas.

    No hablo de los upir de la tradición eslava, los no muertos que se levantan de la tumba en un susurro nocturno para beber la sangre o energía vital de los vivos. Estos vampiros surgidos de las penumbras no son más que murciélagos (o murciégalos, como dice mi hija de 5 años), los únicos mamíferos voladores conocidos. O tal vez ni siquiera son ellos, si no los pequeños fantasmas de la biología que esconden en su pequeño cuerpo: un universo de virus, seres ni vivos ni muertos que han aprendido a convivir con ellos durante milenios y que vuelven a despertar de su letargo cuando las condiciones les son propicias.

    Estos increíbles seres microscópicos, los virus, sí merecen el calificativo de malignos: cuando no nos destruyen, algunos domestican nuestro sistema inmunitario o se esconden de él para permanecer latentes durante años hasta que vuelven a dar «señales de vida». Y cuando lo hacen, ahora sí, es para arrebatárnosla.

    A veces, sin embargo, patógeno y huésped aprenden el uno del otro hasta que alcanzan un pacto evolutivo de convivencia. Los murciélagos, por ejemplo, sobreviven a infecciones que matarían a cualquier otro mamífero, de modo que los virus que los infectan encuentran refugio sin necesidad de destruir a su huésped, llamado en la jerga científica «reservorio». Es una alianza ancestral, casi poética: una elegante forma de alcanzar la inmortalidad.

    Así, los vampiros literarios buscan la vida eterna en la sangre; los virus, en cambio, la hallan en los genomas que dejan atrás. Ambos se perpetúan a través de sus víctimas.

    Imagen simulada de un murciélago Desmodus rotundus, con colmillos exagerados mediante algoritmos de inteligencia artificial. Este hematófago, presente en hispanoamérica, está especializado en lamer sangre, principalmente de vacas, caballos y cerdos. Su saliva contiene anticoagulantes como la draculina, que impiden la coagulación de la sangre mientras se alimenta. Este pequeño quiróptero tiene gran importancia epidemiológica, pues es transmisor del terrible virus de la rabia.

    Así que si ves de día un murciélago en el suelo, desorientado, ni se te ocurra cogerlo: podría morderte y transmitirte algún patógeno infeccioso, como el virus de la rabia.


    ¿Es la rabia la enfermedad de los temibles vampiros?

    El virus de la rabia es una entidad biológica casi perfecta en su crueldad. Penetra el cuerpo por una mordedura y avanza por los nervios hacia el cerebro. Una mordedura en la cara o cuello puede causar síntomas en días o pocas semanas, mientras que en una pierna puede tardar meses (lo que tarda en llegar al cerebro). Una vez instalado en el cerebro, el infectado más vale que se encomiende a Dios, pues la tasa de mortalidad es prácticamente del 100%.

    Una vez el virus alcanza el cerebro, los síntomas son esclarecedores: el virus se replica en neuronas del sistema límbico, causando agresividad, hidrofobia, alucinaciones, insomnio y aversión por la luz. Además, daña los nervios que coordinan la deglución y a la vez activa las glándulas salivales, por lo que se acumula un exceso de saliva que además no se puede tragar. Modificar el comportamiento del huésped para que produzca se vuelva agresivo y acumule gran cantidad de baba en la boca asegura la propagación del virus al morder el contagiado a otros animales o personas.

    Ante este panorama, es lógico pensar que ante los ojos de nuestros antepasados, quienes padecían la rabia eran víctimas de una horrible maldición. No podían descansar ni morir en paz, como el archiconocido conde Drácula, que no nació de la nada en la imaginación de Bram Stoker, sino tal vez en la observación de los horrorosos efectos de la rabia, un virus que sigue causando decenas de miles de muertes cada año.


    Puede que caiga el mito, pero el miedo continúa

    Aunque la ciencia moderna haya desenmascarado a vampiros, brujas y miasmas, el miedo a enfermar por seres malignos que nos acechan persiste. Este pavor no es infundado, pues no hace falta que te muerda un perro rabioso o un vampiro para padecer el terrible efecto de los virus.

    Los virus no sienten el paso del tiempo ni temen la muerte. Simplemente esperan. Pueden permanecer invisibles en un animal doméstico o una superficie que tocas para cobrar vida e iniciar su ciclo de replicación y así perpetuarse eternamente, mientras existan cuerpos dispuestos a recibirlos.

    Coronavirus, Ébola, Marburgo, Hendra o Nipah. Cada brote viral es un recordatorio de que los vampiros siguen aquí, acechando tras los muros de nuestras ciudades. El virus Nipah, por ejemplo, se transmite cuando los murciélagos frugívoros muerden una fruta o contaminan con su saliva la savia de palma que los humanos recogen al amanecer.

    El virus Nipah, transmitido por zorros voladores (género Pteropus) causa brotes recurrentes en el sudeste asiático y puede causar una tasa de mortalidad de hasta el 75%.

    Los verdaderos seres inmortales

    Los virus no son destructores de la vida, sino más bien su sombra inseparable. Algunos virus incluso se integran en nuestro propio ADN. Hasta un 8% del genoma humano procede de virus antiguos que infectaron a nuestros antepasados y se fusionaron con su herencia genética. Somos, en parte, descendientes de virus.

    Por ello tal vez debiéramos verlos de otro modo, como la memoria eterna del planeta: fragmentos de ácidos nucleicos de lo que alguna vez fue vivo, esperando volver a serlo.

    Cada descubrimiento en virología nos obliga a preguntarnos qué significa realmente estar vivo. Los virus nos devuelven una imagen inquietante: la de la vida que no muere, la del miedo que perdura, la del contagio eterno.

    No necesitan ataúdes ni castillos. Sólo un huésped. Y mientras haya uno… los vampiros invisibles seguirán respirando a través de nosotros.

    ¡Feliz Halloween!

    ¿Quieres saber más sobre vampiros, mosquitos y otros chupasangres?. Échale un vistazo al magnífico artículo de Alex Ritcher: https://www.mosquitoalert.com/vampiros-mosquitos-y-otros-chupasangres/

  • Este post no va de artes marciales. O quizá un poco sí, porque, aunque no voy a detenerme (eso quedará para otro día) ni en la depurada técnica de la mantis ni en el Tang Lang Quan —ese curioso estilo de kung-fu inspirado en los movimientos de este insecto—, lo que quiero contarte guarda cierta relación con las artes marciales. Las mismas que Bruce Lee convirtió en religión en la legendaria película de Hollywood Operación Dragón (Enter the Dragon en Estados Unidos). En una de sus escenas, dos mantis religiosas combaten ante la atónita mirada de John Saxon, que acaba equivocándose al apostar por la derrotada.

    Pero, ¿por qué asociar la Mantis religiosa con las artes marciales?.

    Tal vez su calma mantenida antes de apresar a su víctima, la guardia que adopta antes de atacar, su rapidez y precisión y el modo en que controla al adversario -más con técnica que con fuerza-, es lo que convierte a este insecto en un auténtico guerrero marcial.

    Si alguna vez te has cruzado con una mantis religiosa, seguro que lo primero que te ha impresionado son sus garras en posición de rezo -de ahí su nombre- y sus ojos inmensos, fijos en ti como si supieran exactamente lo que piensas. Pero detrás de esa mirada intimidante se esconde un insecto fascinante, diseñado para la caza.

    Mantis religiosa, con la cabeza girada (poco común en insectos) y con las «pupilas» negras. En realidad son un efecto óptico llamado pseudopupila: es el punto donde múltiples omatidios miran directamente hacia ti y absorben más luz. Fotografía captada el pasado mes de agosto cerca del lago de Playamonte (Valencia). Aprende cómo fue tomada la foto y descubre más fotos como ésta en mi Instagram, @homo_noscens.

    Anatomía de un depredador excepcional

    A cada lado de la cabeza, la mantis porta dos enormes ojos compuestos, formados cada uno por miles de omatidios, pequeñas unidades que captan la luz desde diferentes ángulos. El resultado es una visión en mosaico, capaz de detectar movimientos mínimos en el entorno. Esa sensibilidad convierte a la mantis en un depredador implacable: basta con que una mosca bata sus alas cerca para que quede registrada en su campo visual.

    Pero la mantis no se conforma con eso. Además de sus ojos compuestos, dispone de tres ojos simples —llamados ocelos— situados en la parte superior de la cabeza (observa más abajo la foto). Estos pequeños sensores no forman imágenes, pero cumplen una misión crucial: detectar cambios en la luz y ayudar a estabilizar el movimiento y el vuelo. En otras palabras, los ocelos funcionan como un sistema de alarma y de orientación que refuerza su eficacia como cazadora.

    Las garras delanteras de la mantis —conocidas como patas raptoriales— están equipadas con espinas afiladas que funcionan como púas. Cuando la presa se acerca lo suficiente, la mantis despliega un ataque relámpago: en una fracción de segundo, sus patas se cierran como una trampa y el insecto queda inmovilizado, sin posibilidad de escape. En la foto se aprecian, entre las antenas, los tres ocelos de la mantis.

    Combinando ambos sistemas visuales, la mantis puede calcular con precisión milimétrica la distancia a su presa, permaneciendo inmóvil hasta el momento justo de atacar con sus temibles patas delanteras en forma de garra.

    Golpe letal a la sombra del dragón

    Estaba yo hace un mes fotografiando pequeños dragones (salamanquesa común), cuando una preciosa mantis de color verde se posó sobre una farola cercana. Entusiasmado, giré mi objetivo hacia ella, me acerqué para retratarla en la noche pero el bicho, al invadir yo su espacio vital, saltó como un resorte. Mi sobrino, que se encontraba a mi lado jugando con una raqueta, se asustó de tal manera al ver el insecto sobre su cabeza que en acto reflejo lo golpeó como si estuviera en una final de Wimbledon. La mantis tuvo tan mala suerte que quedó cercenada a la altura del tórax. Un drama.

    Aún habiendo sido seccionada accidentalmente a la altura del tórax, la mantis siguió desplazándose, agitando sus patas y moviendo sus garras delanteras, como buena criatura de la noche.

    La mantis sigue «viva» tras haber sido seccionada por la mitad

    Separada de su cuerpo, la mantis se mantuvo casi dos días moviéndose como un zombie tras la sombra de Michael Jackson (cuando aún era negro). La razón estriba en que la mantis, como otros insectos grandes, tiene un sistema nervioso ganglionar: el cerebro, también llamado ganglio supraesofágico, el ganglio subesofágico (que controla boca y piezas bucales) y una cadena ventral de ganglios torácicos y abdominales. Los ganglios torácicos —especialmente el primero, segundo y tercero— contienen circuitos locales que controlan patas, alas y patrones rítmicos de locomoción. La cabeza concentra sensores cruciales, como ojos compuestos y antenas.

    El sistema ganglionar permite una gran autonomía de las diferentes partes del cuerpo. Una pata puede reaccionar a un estímulo (como un golpe o roce) de forma casi independiente del cerebro, lo que la hace muy ágil. Sin embargo, tras haber sido separada de su cuerpo, la mantis no está bien y tarde o temprano fallece por inanición u otras causas; los movimientos son actos reflejos locales, no una conducta voluntaria.

    ¿Te parece curioso?. Pues aún hay más: durante el apareamiento, puede ocurrir que los machos sean decapitados por las hembras pero continúen con la cópula e inseminación, debido al control de los genitales por ganglios abdominales.

    Si te interesa saber más al respecto de este curioso caso de canibalismo sexual, échale un vistazo a estas estupendas entradas de National Geographic y RTVE:

    http://nationalgeographic.com.es/mundo-animal/a-dios-rogando_24366#twitter#twitter

    https://amp.rtve.es/television/20221030/7-secretos-curiosidades-mantis-religiosas-cuaderno-campo/2407361.shtml

    Un abrazo, ¡kungfu pandas!.

  • El influencer de la química

    Si piensas en un influyente científico del siglo pasado que revolucionó la química, desafió al gobierno estadounidense en plena guerra fría o convirtió la vitamina C en su arma para combatir enfermedades -y todo ello sin perder su característica sonrisa-, ese fue Linus Carl Pauling (1901-1994).

    El hombre de los dos Nobeles

    Pauling ganó el Nobel de Química en 1954 por su trabajo sobre los enlaces químicos, fuerzas que mantienen unidos los átomos para formar moléculas. Su libro The Nature of the Chemical Bond sigue siendo lectura obligatoria para cualquier químico serio… aunque confieso que leerlo puede dejarte con la sensación de que tu cerebro ha hecho un maratón. Pero Linus no se conformó con un nobel: en 1962 ganó el Nobel de la Paz por su lucha contra las armas nucleares. Dos Nobeles: uno por entender la química que rige nuestro mundo y otro por intentar salvarlo. No está nada mal, ¿verdad?.

    https://lpi.oregonstate.edu/about/linus-pauling-biography

    La triple hélice equivocada

    Antes de que Watson y Crick se propulsaran hacia el estrellato con el descubrimiento de que el ADN forma una doble hélice de cadenas antiparalelas, Pauling estaba trabajando en su propio modelo… y propuso una triple hélice, que resultó ser incorrecta (pero inspiró a Watson y Crick).

    Conoce más sobre la triple hélice en https://naukas.com/2010/07/23/la-triple-helice-de-linus-pauling/

    Lo interesante (o trágico, según se mire) es que estaba casi a un paso de acertar, pero el gobierno americano no le permitió salir de EEUU para asistir a la reunión de la Royal Society de Londres y esta negativa hizo que no tuviera acceso a la famosa foto 51 de Rosalind Franklin, la cual guio (sin saberlo) a sus competidores hacia la elucidación definitiva de la estructura del ADN. A veces la ciencia es un poco así: el que no se alineen los astros puede hacer que se te escape un nobel.

    Un activista con bata de laboratorio

    Pauling no solo era un químico brillante, también era un activista comprometido. Durante la Guerra Fría, denunció los ensayos nucleares y luchó por tratados internacionales de desarme. Su firme postura le valió enfrentamientos con el gobierno estadounidense, incluso la inclusión en listas negras durante la caza de comunistas. Para Pauling, la ciencia no era solo conocimiento, era responsabilidad social.

    De hecho, también criticó duramente la industria automotriz y el uso de gasolina con plomo, denunciando sus efectos tóxicos en el sistema nervioso. Defendió la investigación en fuentes de energía más limpias, y en ese contexto apoyó la idea de los coches eléctricos como alternativa a los de gasolina.

    Medicina ortomolecular

    Ya en los años 60 Pauling se convirtió en un ferviente defensor de la vitamina C para prevenir resfriados y enfermedades como el cáncer. Publicó Vitamin C and the Common Cold y otros libros sobre su uso terapéutico, provocando debates encendidos entre médicos y nutricionistas.

    Posteriormente, Pauling amplió este concepto hacia la medicina ortomolecular. No, no significa que te administran vitaminas y otras moléculas por ahí por donde la espalda pierde su honesto nombre. El término significa «las moléculas correctas en la concentración correcta”. Al fundar el nuevo campo de la psiquiatría ortomolecular («Orthomolecular Psychiatry» Science 160:265-271, 1968), Pauling propuso que las anomalías mentales podían tratarse con éxito corrigiendo desequilibrios o deficiencias entre los constituyentes bioquímicos naturales del cerebro, en particular las vitaminas y otros micronutrientes, como alternativa a la administración de potentes fármacos psicoactivos sintéticos.

    Hoy sabemos que la vitamina C es beneficiosa, pero no milagrosa; sin embargo, su entusiasmo abrió el debate sobre nutrición y suplementación y nos enseñó a cuestionar la ciencia pero también a explorar sin miedo a la crítica.

    «The way to get good ideas is to get lots of ideas, and throw the bad ones away.» Linus Pauling

    ¿y tú, ¿qué opinas sobre la polémica de la vitamina C?. Te leo en comentarios.

    Otros logros que no podemos olvidar

    Su contribución a la ciencia no acaba aquí, ya que Linus y colaboradores fueron los primeros en describir una enfermedad humana como molecular, demostrando que la anemia falciforme era causada por defecto en una proteína.

    Pero es que antes ya había definido, junto a Robert Corey y Herman Branson, dos estructuras secundarias fundamentales de las proteínas, la hélice alfa y la hoja beta, un avance crucial para la biología estructural y base para comprender como es el ADN y cómo se pliegan las proteínas.

    The discovery of the α-helix and β-sheet, the principal structural features of proteins. Available at https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.2034522100

    Libros recomendados (disponibles en Amazon)

    Y para finalizar, algunas lecturas recomendadas sobre su vida y enormes logros:

    • Linus Pauling: Scientist and Peacemaker (Thomas Hager) – biografía completa, entretenida y con anécdotas jugosas.
    • The Nature of the Chemical Bond – imprescindible para químicos serios.
    • Vitamin C and the Common Cold – para los curiosos de la nutrición y la polémica.
    • No More War! – sobre su activismo pacifista.
  • Imagina volver de vacaciones y encontrarte estropeada una placa de Petri (un mini invernadero transparente de vidrio o plástico donde los científicos crecen microorganismos). La mayoría de personas tiraría la placa sin más; Alexander Fleming no. En ese gesto —mirar con atención donde otros ven suciedad — se encuentra el corazón de muchas grandes historias de la ciencia: serendipia + mirada entrenada = descubrimiento.

    1928 – Alexander Fleming y la penicilina

    En septiembre de 1928, el escocés Alexander Fleming regresaba de sus vacaciones a su laboratorio en el St. Mary’s Hospital de Londres. Al revisar sus placas de cultivo con Staphylococcus aureus, notó algo extraño: una de ellas había quedado contaminada con un hongo, y alrededor de este no crecían las bacterias.

    Lo que podría haber sido un accidente de laboratorio fue, en realidad, la pista hacia el primer antibiótico, la penicilina. El descubrimiento no fue inmediato, pero esa observación inicial abrió un camino que salvaría millones de vidas.

    El azar fue literalmente una espora caída en el lugar y momento precisos. Fleming tuvo la mirada y la curiosidad necesarias para no desechar el hallazgo como una simple contaminación. Creación propia con ayuda de inteligencia artificial (ChatGPT, OpenAI, 2025).


    El descubrimiento de Fleming fue el punto de partida. Durante la década de 1930 y principios de 1940, investigadores como Howard Florey, Ernst Chain y colaboradores —incluido Norman Heatley, con aportes técnicos clave— desarrollaron métodos para purificar y producir penicilina a escala suficiente para ensayos clínicos. El resultado fue la introducción de un antibiótico eficaz en la práctica médica, con un impacto enorme en la mortalidad por infecciones bacterianas, sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial. Fleming, Florey y Chain recibieron el Premio Nobel (Fisiología o Medicina) en 1945 por este conjunto de logros.

    Más información sobre este premio: https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/1945/summary/

    La historia de Fleming no es solo anécdota histórica. Ilustra cómo la combinación de curiosidad, formación y oportunidad puede cambiar el mundo. También nos recuerda que los avances biomédicos no son solo “ideas brillantes” aisladas: son procesos largos que implican descubrimiento, colaboración, desarrollo, producción y por supuesto, regulación.

    Así que ya sabes, la próxima vez que veas “algo raro” en un experimento, una observación clínica o un conjunto de datos, recuerda a Fleming: no es solo suerte. Es una oportunidad que exige una mente curiosa, un método sólido y el valor de investigar lo inesperado. Esa actitud es, hoy como ayer, la chispa que enciende la innovación en las ciencias de la salud.

    Y tú, ¿Qué otras serendipias en ciencia conoces?.

  • «Un virus es un pedazo de malas noticias envuelto en proteína». Esta genial definición del Nobel Peter Brian Medawar cobra un significado brutal cuando, en plenas vacaciones, una simple ronquera la víspera de un viaje te anuncia que has sido infectado por una nueva variante del SARS-Cov-2. Ahí, uno comprende a la perfección qué quería decir el científico con «malas noticias».

    Modelo atómico (cada bolita es un átomo) de la estructura externa del SARS-CoV-2, según Alexey Solodovnikov y colaboradores. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/SARS-CoV-2.

    Pero, como me preguntaba un vecino mientras nos remojábamos en la piscina, ¿aún existe el coronavirus?.

    Cuando pensamos en virus respiratorios, lo normal es asociarlos al invierno. Sin embargo, el coronavirus nos ha demostrado que puede tener oleadas importantes incluso en pleno verano, como la que estamos viendo en agosto de 2025.

    ¿Por qué nos infectamos en pleno verano?

    1. Agosto es un mes de vacaciones, con más viajes, festivales y reuniones sociales.
    2. La inmunidad frente a variantes previas disminuye con el tiempo, y las nuevas variantes encuentran población susceptible.
    3. El SARS-CoV-2 es un virus de ARN que muta constantemente (al cometer errores en su replicación), por lo que nuevas variantes pueden expandirse en verano.
    4. Aunque la gripe prefiere el frío, el coronavirus se transmite bien en interiores cerrados, mal ventilados y con aire acondicionado.
    5. El prácticamente nulo uso de mascarillas y más actividades en grupo favorecen los contagios.

    En Valencia, desde donde os escribo, el Sistema de Vigilancia de Infecciones Respiratorias Agudas de la Comunitat Valenciana, nos muestra las siguientes incidencias hasta la semana 33 de la temporada 2024-2025:

    Aquí tenéis el enlace para poder escudriñar la evolución en semanas posteriores a la de la creación de esta entrada: https://www.san.gva.es/es/web/salut-publica/sivira.

    (Actualización 30/09/2025: ¡la tasa de incidencia sigue subiendo!)

    ¿Qué variante de Sars-Cov-2 es la causante de ese repunte veraniego en los contagios?

    Stratus, XFG o la nueva variante Frankestein causante de Covid-19

    “Stratus”, o estrato es español, es un tipo de nube baja, extensa, que cubre grandes áreas, lo que simboliza muy bien la nueva variante de coronavirus que se expande ampliamente en la población y que ha venido a alterar el «stratus» quo del coronavirus.

    Imagen generada con ChatGPT basada en el disco de la mítica banda de rock Status Quo: The Vinyl Singles Collection 2000-2010.

    Pero no nos asustemos, esta nueva variante, aunque bajo vigilancia por la OMS (1), no reviste especial gravedad, de momento. Se trata de una cepa que forma parte de la familia Ómicron que surgió al infectarse una persona simultáneamente por dos subvariantes distintas —LF.7 y LP.8.1.2—, y producirse un intercambio de material genético entre ellas (recombinación). Y digo de momento, porque aunque los primeros estudios sugieren que las vacunas actualmente aprobadas continúan siendo eficaces frente a la variante Stratus, los científicos vigilan una posible evasión inmunitaria futura. De hecho, Stratus presenta mutaciones en los aminoácidos 478 y 487 en la proteína de la espiga (la que da al virus esa apariencia de corona solar tan peculiar al microscopio electrónico). Estas u otras mutaciones podrían mejorar su capacidad para evadir la respuesta inmunitaria.

    Habrá que estar atentos.

    ¿Quieres leer más sobre virus patógenos, pandemias desoladoras o sobre el mismísimo Frankestein?. Visita mi perfil de Instagram, para conocer mis libros recomendados:

    (1) https://www.who.int/publications/m/item/risk-evaluation-for-sars-cov-2-variant-under-monitoring-xfg

  • Bienvenido a este espacio, donde la ciencia se mira con zoom: descubrimientos, curiosidades y fotografías que cuentan historias más allá del ojo humano.

    ¿Por qué hoy, un 19 de agosto?

    Primero porque tal día como hoy en 1994 falleció el químico estadounidense -y protagonista del logo- Linus Pauling, un genio ganador del premio Nobel de Química (1954), por su trabajo fundamental sobre la naturaleza del enlace químico, y también del Premio Nobel de la Paz en 1962, por su activismo contra la carrera de armas nucleares.

    Es esta otra entrada os cuento algunos datos muy curiosos sobre su vida y de cómo su trabajo impactó enormemente en la biología y la salud. Mientras, os dejo un breve vídeo sobre este genio, creado por el Gobierno Mexicano:

    Pero, ¿de qué va este blog?

    Este blog versa sobre curiosidades científicas y va a contar en muchas de sus entradas con numerosas fotografías originales tomadas por su autor, donde además de explicar los detalles técnicos para los aficionados a la fotografía (datos de la cámara, óptica y parámetros de captura), se explicará, con rigor científico, lo que la imagen suscita intelectualmente hablando. Así que os invito a estar atentos a mis nuevas publicaciones, también en Instagram:

    Por cierto, otra coincidencia: casualmente hoy día 19 de agosto es el Día Mundial de la Fotografía, que se celebra en homenaje a Louis Daguerre, que presentó en 1839 oficialmente en la Academia Francesa de Ciencias su invento del daguerrotipo, el primer procedimiento fotográfico.

    Mentes curiosas, aquí tenéis otro pequeño vídeo sobre este invento único:

    ¡Un saludo!